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De Alameda a Concha y Toro, Santiago de Chile

Martes 25 de Abril, 2017.

El hecho que me ocurrió en este día, me ha echo reflexionar bastante algunos temas y que en esta entrada voy a narrar.

Terminada mi jornada de estudios formales, me dirigí al paradero para tomar la micro. Al subir a la micro lo primero que me llamó la atención fue el hecho de que el chofer nos dijera que el timbre estaba malo, que nos tenemos que bajar por la segunda puerta (era un bus de esos que tienen un acordeón en el medio) y avisarle en caso de que nos bajemos.

Bueno, pasé hacia atrás en busca de un asiento, encontré uno que estaba mas cercano al acordeón, al lado del pasillo, ya que, hacia la ventana una muchacha estaba sentada. El viaje era tranquilo, venía con la audífonos puestos escuchando música desde mi celular. La micro como es normal dobla hacia la derecha en la calle Ramón Corvalán para luego entrar a Vicuña Mackenna. En ese momento un señor de pelo canoso y anteojos se sienta a mi lado, ya que, la muchacha que estaba a mi lado se había bajado y me corrí al otro asiento. 

Aquella persona lo primero que me comenta es sobre el hecho del timbre, y el porqué pasó eso. El me comenta que los choferes dicen que los timbres se encuentran en mal estado, para que de esta manera no se tengan que abrir las puerta de atrás y así no se suba gente sin pagar. Pues mi reacción a este hecho es que me dejó perplejo. De alguna u otra manera esta persona tenía razón, eso podría ser posible.

Luego este caballero me conversa sobre los empresarios, los millonarios, que controlan nuestro país, económicamente y políticamente. Bueno respecto a esto, él dijo la verdad. Más tarde me habló sobre los trabajos y las jubilaciones; los que pertenecen a las fuerzas armadas, que sus jubilaciones son bastante elevadas comparadas con el promedio de la mayoría de los chilenos. De los carabineros, que trabajan poco y "sacan la vuelta". 

Después me preguntó a que me dedicaba, y le dije que estoy estudiando Técnico en Telecomunicaciones  por allá en el centro, cerca del metro República. Esto fue recíproco porque también le pregunté a que se dedicaba y me dijo que era funcionario público, trabaja en el Ministerio de Obras Públicas ubicado en calle Morandé, que le quedaba poco por jubilar y que tendrá que buscar algún trabajo, ya que con la pensión que saque no le será suficiente para subsistir.  

Le pregunté si vivía en Puente Alto, su respuesta fue que no, vive en La Florida, luego de esto el señor se prepara para bajarse y con un apretón de manos nos despedimos de manera cordial.

Este acontecimiento me deja muchas enseñanzas, poder rescatar cosas que me ayuden a mi crecimiento tanto moral, intelectual, emocional y espiritual, lo agradezco mucho. Cabe destacar que si no me hubiera sacado los audífonos cuando el me conversó, todo esto no hubiera ocurrido. 












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